La Última Pluma del Cuervo
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Puertas del Destino

Líder del clan: Kogeid
Capitán del clan: Tarambar

 

 

Mago

Círculo

Rango
1 Nieljim 8 Neófito
2 Kogeid 8 Adepto
3 Mithas 8 Aspirante
4 Lizzarda 8 Adepto
5 Tarambar 8 Aspirante
6 Jolandar 6 Neófito
7 Sasukem 6 Neófito
8 Cid De Mizar 5 Aprendiz
9 Artanis 5 Aspirante
10 Gundang 4 Aprendiz
11 Anguloke 4 Neófito
12 Darkblade 4 Aprendiz
13 Aurioc 3 Aspirante
14 Elros 2 Aspirante
15 Aikos 2 Aspirante
16 Vakitay 1 Iniciado
17 Kkrutu 1 Iniciado
18 Pozzeto 0 Iniciado
19 Adaknom 0 Neófito
       
 

Historia: Puertas del Destino

 

Esta pequeña estribación de las Montañas Grises es probablemente el lugar más seguro de la región, al menos para los viajeros. La razón principal es la presencia de la comunidad de Kogeid, una tribu de gigantes de las montañas. Los gigantes han expresado su deseo de que los dejen tranquilos para vivir en paz, y han diezmado a los orcos cada vez que estas criaturas han cruzado a su territorio.
Kogeid, el gigante, había llegado a Mul-Sabbut muchos años después de la cruzada de exterminio que se abatió sobre su raza. Se creía que los gigantes habían sido borrados de la faz de Mul Sabbut pero solo unos pocos, los más inteligentes, habían sobrevivido a la matanza; ya sea porque tuvieron la prudencia de ocultarse en lugares olvidados, o porque tuvieron la habilidad de combatir y vencer a sus perseguidores.
Tras recorrer una buena parte del territorio, Kogeid seleccionó el lugar apropiado para establecerse junto con los suyos: Las Montañas Grises.
Los gigantes siempre llevaron unas buenas relaciones con el pueblo de los enanos, puesto que compartían dos cosas importantes como razas: habían sido perseguidos e incomprendidos por las otras razas, y amaban las montañas, donde se sentían a gusto de manera instintiva.
Un paso tormentoso entre Athel Loren y Darkia, que cruza las montañas hasta Nan Elmoth, fue elegido por el gigante para erigir las puertas que bloquearían el paso en ambos sentidos, y que forjaría en una aleación metálica de gran resistencia. Reunió a los enanos de Thorbardin y les contó de su proyecto, al cual ellos gustosos le dieron su aceptación.
Construyeron una mina al pie de la montaña y los enanos extrajeron de allí los minerales de roca que se debería usar. Mientras tanto, Kogeid construyó un gigantesco molde de arcilla cuyo marco aseguró con troncos de madera; tomó las rocas y las sumergió en el cráter de un volcán para obtener con su calor una aleación líquida que vertió en el molde gigantesco. Luego lo dejó enfriar dos días y al final lo sumergió en el río para templarlo y así obtuvo la primera lámina del material para construir las puertas.
Estuvieron dos meses repitiendo esta operación hasta que se obtuvieron suficientes láminas para construir las puertas. Luego hicieron algunas varillas de las cuales obtener los remaches para tachonar las láminas. Durante todo este proceso, el gigante no tomó mayor descanso que el necesario para reponer las fuerzas y continuaba con su poderosa voluntad liderando este magnífico proyecto.
Tres meses les llevó terminar las puertas y entonces acometieron otra tarea igualmente difícil: oradar las caras de las montañas del paso para colocar los ejes sobre los cuales girarían las puertas. Estos deberían quedar muy bien puestos, para lograr que ellas giraran suavemente al abrirlas.
Durante los meses que duró su construcción, los enanos contemplaban admirados la maravilla de ingeniería de que el gigante hacía gala y estuvieron siempre prestos a colaborar en la extracción de los minerales y demás materiales que aquel necesitaba. El destino unía a las razas olvidadas y esta obra sería un símbolo del poder que ellas aunadas podrían producir.
Terminada la labor, el gigante hubo de utilizar todo su poder para levantar cada una de las puertas y colocarlas sobre su eje. Solo quedaba el detalle final.
Kogeid colocó en la parte superior de las puertas recién montadas unas sales azufradas trazando unas runas antiguas como su raza, y cuyo objetivo era polarizar y preparar las puertas. Los enanos se preguntaban sobre que era lo que el gigante hacía, pero todo quedo aclarado cuando días más tarde, durante el desarrollo de una tormenta, las puertas recibieron una descarga eléctrica directa que generó la energía estática necesaria para darles el poder que el gigante quería. De ese modo, las puertas del destino obtuvieron su poder mágico y Kogeid tomó control sobre ellas: solo bajo su voluntad ellas se moverían.
Y así fue como se construyó una de las más grandes obras que raza alguna hiciera sobre Mul Sabbut y los habitantes de las Montañas Grises garantizaron para sí un lugar seguro.